Hace unos meses tuve que rendir un exámen de Lengua y Literatura que consistía en escribir en dos horas un ensayo en base a una frase que nos daba la profe, este fué el resultado:
¿Cuánto tiempo hemos perdido en esta vida loca tratando de encontrar cual, de entre todos los secretos, es el de la felicidad absoluta?
Si hay algo que detesto es viajar en colectivo, no tengo duda alguna de que sería mucho más feliz en una limusina con un chofer que me lleve a todas partes mientras cuanto mis millones en el asiento trasero rodeado de mujeres hermosas o, aunque sea, si pudiese viajar sentado, con la temperatura adecuada y oliendo aroma a bosque patagónico debajo de todos esos hermosos brazos que se agarran del caño que cuelga del techo. Pero ninguna de estas razones es la que realmente me molesta de transportarme de esta formas, lo que realmente me desagrada es esa cara de orto que presume cada uno de los pasajeros y discúlpeme señor lector si se siente ofendido por la forma en que lo dije, pero esa expresión anal no merece el más mínimo de los respetos. Es que realmente, y citaré aquí al gran neologista de nuestros tiempos: Raúl Portal, el caraculismo contagia y así están el país y el mundo entero. Por que Don Rulo se despierta de mal humor, le cobra los fideos de mala gana a María Julia y ella le cocina de mal humor a sus hijos que terminan comiendo los peores fideos y se ortivan. Juancito, el más grande, se sube al colectivo donde estoy yo que lo veo y me pongo mal sólo para seguir con la cadena sin fin.
¿Qué le dijo un jardinero al otro?
Disfrutemos, mientras podamos.
Si hay algo que particularmente a mi me pone contento es hacer que los demás estén bien, se rían y se den cuenta que no estaban tan mal como creían. A lo largo de casi do décadas que llevo en este mundo, he perfeccionado el arte de hacer reír con el único y egocéntrico propósito de llenarme de placer con muchas sonrisas que llevan mi firma.
Hace poco más de una semana, una persona que para mí es muy importante, que tiene una sonrisa hermosa y una depresión considerable (dos grandes inspiraciones para mi humorístico deporte) se intentó suicidar y eso me hizo dar cuenta de dos cosas:
Que no soy tan buen humorista y que la risa realmente es una herramienta muy poderosa y, en casos extremos, la barrara entre la vida y la muerte, puede se eso que en lo momento más horrorosos no haga sentir bien y olvidarlo todo, e incluso darnos cuenta que nuestros problemas tal vez no eran tan graves.
Por eso, como decía Groucho Marx, “La felicidad esta hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión y una pequeña fortuna” pero mientras no lo consigamos tal vez el secreto sea tomarse las cosas con una sonrisa y mucho amor.
Comentario de mi profe de lengua:
¡¡¡Impecable!!! Mi egocéntrico placer es estimular estas cosas y después tener el honor de leerlas.
Te agradezco profundamente la deferencia de compartirlo…
10 (diez)
Compártelo
