Sigo incursionando en la literatura, a ver cuando implementan el read more en Blogger, pero bueno banquense un post largo.
Cadáveres Rapados
por Gastón Gordon
Si alguien mas que el, ya anciano y sordo, sereno del cementerio hubiese estado allí esa noche, seguramente habría oído el estruendo que hizo al caer al suelo la tapa del ataúd de piedra que un novato acababa de abrir con no mucho cuidado. Pero no había nadie.
A la mañana siguiente, en una casa ubicada a doce cuadras de aquel cementerio, Wenceslao se despertó preocupado. Había soñado que viajaba en un micro hacia un planeta de arena y hojas verdes dónde lo esperaban 3 primos y una maestra de la secundaria, pero allí, entre las caras conocidas, también estaba una mujer a la que hacia el final de la noche le pegaban cinco balazos y caía muerta al piso.
No sería esto tan preocupante si fuese la primera vez, pero hacía ya 7 noches que la mujer invadía sus sueños. Apareció en el barco pirata, en el shopping desierto, en la nave espacial y en la casa de su tía Elba, finalizó el sueño en el que clonaban a su mejor amigo y también aquel en el que sobrevolaba Roma en aladelta junto a una enamorada que jamás lo correspondió.
Era un viernes nublado y gris cuando Wenceslao se decidió a hacer algo al respecto, pero lo que no sabía era exactamente que.
Esa mañana Wenceslao llegó tarde a la oficina, estaba distraído y había perdido el colectivo, no podía sacarse a la desconocida de su cabeza, la idea de poder evitar su muerte y no hacer nada le resultaba aterradora.
Había un hombre de aspecto ermitaño en el ascensor junto a él. Usaba una barba larga y el cabello hasta la cintura, que, considerando su altura era un merito aún mayor, vestía un piloto negro y olía a tabaco viejo. Cualquier otra persona se hubiese mostrado al menos sorprendida ante semejante escena, pero para Wenceslao, que llevaba casi dos años trabajando en esto, era una situación perfectamente normal. Sabía que este hombre había visto el anuncio que salió el domingo en el diario y que iba al mismo piso que el, ambos cruzarían la misma puerta, la que llevaba la placa dorada con la inscripción: “Bergara y Asociados”. La única diferencia eran sus objetivos, ese hombre iba a vender su cabello y Wenceslao a resolver un misterio.
Al entrar, Juan Bergara, su hermano mayor y socio, le hizo saber que se veía un poco raro. Wenceslao no le contó sobre su sueño, no quería hablar de eso así que preguntó si había novedades de la entrega de esa tarde.
-Parece que falleció Constantini y la empresa quedó a cargo de su esposa que quiere subir los precios y cambiar todo, esta noche es el velorio del tipo, voy a ver si puedo hablar con ella para discutir un poco todo - Le contestó su hermano-¿Vos querés venir?
-Sabes que negociar no es lo mío pero te acompaño. Constantini me caía bien.
A las ocho en punto comenzó el funeral. Era un salón grande y lujoso, en el centro estaba el ataúd y a su lado la gente que se acercaba a consolar a una viuda que parecía no sentirse tan mal. Su nombre era Helena Manila, transitaba la quinta década de una vida en la que solo había dedicado seis meses a su difunto marido, y esa noche había llegado a honrarlo con un largo vestido bordeaux que llamó la atención de varias personas acostumbradas al tradicional negro de luto. A su lado había un joven de unos veinticinco años al que en la noche anterior se le había caído la tapa de un sarcófago de piedra, pero nadie se entero. Era el hijo de Constantini.
Cuando Wenceslao llegó se quedó anonadado al ver el rostro de la viuda, porque esa era la octava vez que lo veía. Helena Manila era la mujer que asesinaban en su sueño. Pensó en que iba a hacer estaba preocupado y cuando terminó la ceremonia finalmente se acerco a hablarle, iba decidido a decirle todo sobre su sueño. Pero no se atrevió. Solo expresó su pésame y le dio la mano.
Su hermano había acordado una reunión con ella en su oficina para mañana a las siete de la tarde. Wenceslao le contó sobre sus sueños y su miedo a decirle la verdad, el no creía en premoniciones y eran completos desconocidos.
-Es tu desición hermano. – Le dijo Juan mientras escribía algo en un papel -Esta es la dirección de su oficina, si crees que tenés que hablarle anda mañana y deciselo.
Era sábado. Bergara y Asociados cerraba los sábados, los domingos y los miércoles. Así que ninguno de los hermanos trabajaba. Wenceslao había soñado con un cuarto lleno de perros de todas las razas y entre todos ellos Helena Manila era asesinada de nuevo.
Se lavo los dientes, se bañó, se cambió, tomo el desayuno, se volvió a lavar los dientes y se fue a la oficina de la asesinada. Cuando llegó la vio en la puerta gritándole al joven profanador de tumbas:
-¡¿Quién es el que te vió?! ¡Tenemos veinticinco clientes! ¡¿Cuál fue?! ¡Es la segunda vez que te pasa lo mismo! ¡No podes hacer nada bien! ¡Metete para adentro!
Wenceslao miraba por la ventanilla de su auto. Aún dudaba sobre que hacer. El hijo de Constantini entró a la oficina y Helena Manila paró un taxi y se fue. Wenceslao decidió que iba a seguirla, si veía que corría peligro de muerte iba a poder hacer algo.
Se bajó del taxi en la esquina Catamarán y Pesquera y comenzó a caminar. A su lado
despacio iba el auto. Cuando estaba por cruzar un pasillo entre dos locales un hombre con un sobretodo negro se interpuso en su camino y la llevó para adentro. Wenceslao sabía que allí la esperaba la muerte, así que tomó su celular y llamó a la policía.
Esperó en el auto y al cabo de unos minutos llegaron dos patrulleros. Del pasillo se llevaron a 2 hombres armados acusando a Helena de traidora. Un oficial pensaba en llevarse también a la Señora Manila pero Wenceslao se anunció como el autor de la denuncia. Mintió diciendo que había visto al hombre apuntarle con el arma y llevársela, que todo se trataba de un simple robo. Les tomaron los datos a ambos y los dejaron ir.
-¿Qué buscas mocoso?- Interrogó la señora con violencia
-Le salve la vida. Esos tipos la iban a matar. Lo vi en mi sueño.
-Sabes muy bien que no. Eras cliente de mi marido ¿No?
-Si. De Bergara y Asociados.
-Bueno no se que están buscando. Pero decile a tu hermanito que tenga cuidado con lo que quiera decirme esta noche. A mi nadie me pasa por encima.
Varias horas antes Juan Bergara acababa de darle a su hermano la dirección de esta señora cuando la vio a lo lejos, separados de la multitud, pidiendo algo al hijo de Constantini. Este se negaba pero finalmente, ante el enojo de Helena accedió y se fue hacia el cementerio que quedaba a dos cuadras del salón. Juan, al que la oportunidad de extorsionar a su nueva proveedora le parecía interesante, lo siguió sigilosamente y si no hubiera sido por el grito que pego cuando la tapa de otro ataúd se le cayó al suelo al joven profanador, este no se hubiera dado cuenta nunca de su presencia. Cuando paso esto Juan salió corriendo lo más rápido que pudo. Constantini se quedó preocupado, recogió el cabello que acababa de cortar a los cadáveres esa noche, volvió a tapar el ataúd del accidente y se fue pensando en como le contaría esto a su jefa.
Wenceslao se quedó frente a la oficina tratando de averiguar a que se habría referido la señora. A las siete entró su hermano. El se apuró a pasar detrás de el antes de que la puerta se cerrará. Se escondió detrás de una columna. La viuda de Constantini salió a recibir a Juan, le pidió que lo acompañe a su despacho.
Wenceslao esperó afuera impaciente, atentó a cualquier cosa que pasaba. El hijo de Constantini entró por la puerta, llevaba un arma. Wenceslao escuchó un tiro. Quedó paralizado por unos instantes, luego, abrió la puerta y tomó al asesino por la espalda, no le costo demasiado quitarle el revolver y fue con el que le pego un golpe en la cabeza que lo noquearía.
En el piso yacía el cadáver de su hermano.
-¿Qué le hiciste? ¡¿Por qué?!
-Ni mi marido, ni tu hermano, ni vos, ni nadie me van a pasar por encima. ¿Pensaban que podían venir a extorsionarme e irse tranquilos? Cuando vos ni sabías hablar yo ya estaba en el negocio. Yo pongo las reglas.
Wenceslao contemplaba el cadáver de su hermano. Helena Manila lo miraba desafiante. Él Levantó el revolver, le apuntó y le disparo cinco veces. La señora cayó muerta al piso.

Esta obra está licenciada bajo una
Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 2.5 Argentina.
Compártelo
